sábado, 12 de junio de 2010

Nuestro ámbiente nunca fue el mejor colegio para aprender sobre amor, siempre lo supimos. Viviamos rodeados de factores que nos perjudicaban. Sin director, era imposible que no seas vos el que tomabas las decisiones. Y yo, como tu única alumna, de esas alumnas que se sientan en el primer banco y prestan atención toda la clase, que fingen saber todo pero que en el fondo no saben nada de la vida, y aprovechan todas y cada una de las clases para saber un poquitito más. Sin rectores, sin inspectores, sin un sistema que te espíe un poquitito para saber cómo le enseñabas a este joven corazón. Por lo tanto, hiciste lo que quisiste. Me enseñaste como si no existieran materias ni recreos, horas ni relojes, sin respirar un minuto, y no me quejé. ¿A quién se le ocurre cuestionar la manera de enseñar de un profesor?...